La habitación 847 del Hospital Clínico San Carlos olía a desinfectante y algo más oscuro que Iván identificó inmediatamente como desesperación. Danaé estaba sentada en la cama con almohadas apiladas detrás de ella, su cabello —antes siempre perfecto— enredado y sin brillo. El vendaje en su sien derecha era recordatorio visible de qué tan cerca había estado de no despertar nunca.
—Dijiste que tenías plan —murmuró Danaé, sus dedos trazando patrones inconscientes sobre la sábana—. Pero no veo cómo