Capítulo 40: La búsqueda
Ariadne no durmió. Se quedó sentada en la cama, mirando la ventana hasta que la oscuridad de la noche se volvió un gris pálido. Escuchó cada sonido del penthouse.
Los primeros rayos de luz trajeron ruidos: el suave zumbido de la cafetera automática que alguien del servicio había programado, los pasos rápidos y seguros de Damian, por el pasillo, y el murmullo de su voz dando instrucciones por teléfono.
Apretó los ojos, conteniendo la respiración. Oyó la puerta principal