Capítulo 153: Las consecuencias
Ariadne no se movió de la puerta hasta que el eco de los pasos de Damián desapareció por completo. Apoyó la frente en la madera fría y cerró los ojos. Las manos aún le temblaban, pero no era miedo. Era la descarga de adrenalina que seguía a haberse enfrentado a él sin retroceder.
Respiró hondo una vez, dos veces, tres. Cuando abrió los ojos, la habitación le pareció diferente. Más pequeña, quizás. Más real. No había lujos ni alfombras de seda, pero tampoco había