Capítulo 21: Sacrificios
Damián no desayunaba.
Al menos no de la forma en que otros desayunaban.
Estaba de pie frente a la ventana del salón principal, con una taza de café intacta en la mano, mirando la ciudad. Más que mirar, su mente estaba perdida en sus pensamientos.
Arthur entró sin avisar.
—Hoy te quiero impecable —dijo, directo.
Damián no giró.
—¿Impecable para quién?
Arthur se detuvo a su espalda.
—Para la prensa. Para la junta. Para ti, si todavía te queda algo de inteligencia.
Damián