Luego de aquella gala, el ambiente en la oficina se volvió tenso. Morgan y Elizabeth apenas se hablaban. Ella, estaba decidida a concentrarse en su trabajo, se enfocó en su objetivo: que todos supieran que Adams Smith era su prometido. La noticia corrió como pólvora, y sin un solo comunicado que lo desmintiera, se tomó como un hecho. De vez en cuando, Elizabeth y Adams eran vistos almorzando juntos. Él siempre serio, pero ella sonriendo con una felicidad que se notaba a kilómetros.
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