Morgan salió del salón del hotel y, su teléfono vibró con un mensaje de Glenda:
"Ya lo sacamos de la habitación, ronca como piedra. Todo está bien. Más vale que mantengas a tu mujer tranquila, porque si le pongo las manos encima, no vas a poder casarte. Gracias."
Morgan leyó el mensaje y una sonrisa torcida apareció en su rostro. Sin perder tiempo, respondió:
"No te preocupes, cuñada. Ella no es mala, solo que no sabe qué es amar. Tú tranquila, que yo me ocupo."
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Morgan entró a la habitac