—¡Abu! ¡Mami me vio montar a Sol y me felicitó! —dijo emocionada mientras corría hacia su abuelo.
Tom Carter recibió a su nieta con alegría, observando a su hija por encima de la cabeza de la niña. A simple vista, Glenda parecía tranquila, pero Tom, que la conocía mejor que nadie, notó que algo la preocupaba.
—Amor, ve a bañarte y baja rápido. Compré helado de chocolate, y voy a prepararte un poco —dijo su abuelo con una sonrisa.
—¡Siii! —gritó Adriana, corriendo emocionada hacia su habitación.