Capítulo 10: Un mundo de fuego.
NARRADOR.
Los días en el club se habían vuelto más soportables. Carolina se despertaba más tarde, disfrutaba de su privacidad y ya no era una más del montón: se había convertido en la estrella del lugar. Solo realizaba un espectáculo cada noche y, lo más importante, no tenía que lidiar con ningún hombre borracho intentando tocarla. El Diablo, el nuevo vigilante al que había oído llamar así, se encargaba de ahuyentar a cualquiera que se acercara sin permiso. Alto, con una mirada vacía y un cuerp