Las semanas siguientes al ascenso de Alejandro se fundieron en un ritmo exigente de responsabilidad e indulgencia oculta. Como nuevo administrador del rancho, sus días comenzaban antes del amanecer y se extendían hasta bien entrada la noche. Supervisaba a los equipos de marcaje, revisaba los inventarios de suministros, negociaba con proveedores locales en el pueblo y se aseguraba de que los caballos recibieran el entrenamiento cuidadoso que se había convertido en su sello distintivo. Los vaquer