Los primeros indicios del amanecer pintaron el cielo oriental en suaves rosas y dorados mientras Alejandro se levantaba de su estrecha cama. Sus músculos le dolían de esa manera agradable y bien usada, recordatorios de la visita de Martha la noche anterior, su cuerpo suave y generoso se movía debajo de él con una desesperación silenciosa. Se vistió rápidamente con una camisa de chambray fresca y jeans, después de salpicarse agua fría en la cara del lavabo. El espejo reflejaba a un hombre que to