Martha lo interceptó a primera hora de la tarde mientras se dirigía hacia la casa principal para su encuentro con Camila. Llevaba una cesta de ropa limpia, en el pasillo sombreado cerca de la lavandería, dejó la cesta en el suelo y lo jaló adentro.
—Solo un momento —susurró ella, cerrando la puerta casi por completo. La luz del sol se filtraba por la pequeña abertura, rayando su rostro y su generoso escote.
—Martha, tengo que…
—Lo sé. —Se presionó contra él, sus suaves pechos moldeándose contra