Siempre tan directa.
Miro el celular y me doy cuenta de que Carlos está en línea. Dejo mi libro en la mesita de noche, con la intención de escribirle, pero antes abro el chat con Tati. Necesito contarle que desconfío de Sebas. No me gusta sentirme así; ojalá mis sospechas sean infundadas.
Le escribo, pero no responde. En cambio, al cabo de unos minutos, aparece su mensaje proponiendo que almorcemos mañana. Sonrío levemente y acepto, con la secreta esperanza de que esta vez no nos quedemos solo con un café.
Me quedo