Acomodando el tablero.
Martín llega a la oficina y el ambiente se vuelve tenso, no por mí, sino por Tati. Ella apenas le dice “hola”, y él se queda con las ganas de besarla, aunque fuera en la mejilla. Yo solo observo: son un par de bobos enamorados. Casi puedo ver corazones flotando entre ellos.
No creo que Martín logre ocultarlo. Con lo poco que lo conozco, sé que incluso podría gritarlo a los cuatro vientos. De hecho, eso fue exactamente lo que hizo… y por esa razón Tati lo dejó.
El problema es mi amiga. Ese miedo