Cara a cara.
Con Ignacio Le Blanc por fin nos vemos las caras.
Al verme, se sonríe.
Y en ese instante comprendo que ha sido él quien se ha burlado de mí todo este tiempo.
La sangre me hierve. Camino hacia él y le doy una bofetada tan fuerte que hasta mi mano arde. La vergüenza me golpea de lleno al imaginar todo lo que vio, todo lo que leyó, todas las veces que jugó conmigo mientras tenía mi video íntimo en su poder.
Siento el cuerpo sucio. Expuesto.
Como si me hubieran arrancado algo que me pertenecía solo