Un descubrimiento fatal.
Me siento al borde de la cama, con un llanto suave, uno melancólico, uno que no necesita de gritos ni exageraciones. Tomo aire y marco su número por enésima vez, aun sabiendo que no contestará.
Sigo en la misma posición, mirando un punto fijo, hasta que recuerdo una grabación que tengo de una de las tantas conversaciones que tuvo un día.
Recuerdo a Martín. Nunca le pregunté qué fue de esa conversación aquella tarde en la playa, pero, para ser sincera, no creo que tenga importancia o él ya me lo