Emma
Son las siete treinta de la mañana cuando me encuentro estacionando frente al que será el nuevo colegio de Oliver, el mismo que mi jefe consiguió en menos de tres horas.
— Pareces un zombi —habló mi hijo desde atrás.
— Me siento como uno —suspiré.
— Eso es porque toman mucho alcohol —era verdad.
— Lo sé, no me retes, ya me siento mal y debo trabajar.
Mis ojos van al lugar que lo formaría para su futuro, un sitio donde lo entenderían. A diferencia del otro, acá no había tantos alumnos y los