Theo
Al regresar a casa, el eco de las risas de Oliver y Emma todavía resonaba en mi mente. La puerta se cerró tras de mí con un suave clic, y el ruido del mundo exterior desapareció en un instante.
Poseí un pent-house en la parte más adinerada de la ciudad. Este lugar era lo que consideraba mi refugio, todo se encontraba en tonos neutros tan varonil que mi madre siempre decía que faltaba un poco de sensación a hogar. Y no fue hasta hoy que comprendí lo que decía.
Caminé directo a la cocina, pe