El matrimonio por contrato entre Alexander y Sophia había sido oficializado en secreto. Solo las personas más cercanas a Alexander, entre ellas Margaret, estaban al tanto de esta unión, pero nadie más sospechaba que había estado estrictamente regulada por términos legales rígidos. Margaret, encantada con el giro de los acontecimientos, no dejaba de elogiar esta relación que, según ella, era una bendición para su nieto.
Sin embargo, para Sophia y Alexander, el verdadero desafío apenas comenzaba.