Anna, furiosa tras su humillación pública durante la velada de gala, regresó a casa a toda prisa. Cerró de un portazo la puerta del apartamento familiar, con el rostro encendido de rabia. Su madre, Catherine, que estaba sentada en el salón hojeando una revista, alzó la vista, intrigada por la agitación de su hija.
—¿Anna? ¿Qué sucede? —preguntó Catherine, dejando su revista sobre la mesa de centro.
Anna tiró su bolso sobre el sofá y comenzó a caminar de un lado a otro, con sus tacones resonando