Siempre fuiste la buena chica de la familia. La que nunca faltaba a la consulta, la que tomaba la pastilla anticonceptiva a la hora exacta, la que se hacía el chequeo preventivo todos los años sin quejarse. «La responsabilidad por encima de todo», repetía tu madre desde que eras adolescente. Y tú obedecías.
Porque las buenas chicas obedecen.
Porque las buenas chicas se cuidan.
Porque las buenas chicas no dejan que nada se escape.
Pero esta vez era diferente. Tu ginecólogo de siempre, el Dr.