Santina se volvió y encontró la mirada escrutadora de Adrián.
Tartamudeó un poco:
—Con mi papá. Quería saber si todo iba bien en el viaje.
Al verla evitar sus ojos, él se acercó medio paso y bajó la voz.
—¿Solo eso?
Ella quedó pegada a la pared. La culpa no la dejaba mirarlo de frente.
—Sí. Me pidió que te cuidara bien.
Adrián no hizo más preguntas.
Santina parpadeó y preguntó con cautela:
—Por cierto, ¿todavía tienes algo que hacer esta noche?
—¿Por qué?
—Si estás libre, podemos ir a la cubiert