La pulsera había pasado de su precio inicial de sesenta mil dólares a ciento ochenta mil en un instante. El precio se había triplicado.
Era solo una pulsera. ¿Valía la pena disputarla así?
Pero Adrián seguía pujando, como si estuviera decidido a llegar hasta el final.
—Doscientos cincuenta mil dólares.
Se escucharon exclamaciones entre los asistentes y los comentarios aumentaron.
—¿Tienen algún problema entre ellos?
—No creo. Grupo Vega y Grupo Altamira ni siquiera tienen negocios en común.
—La