Benedicto movió ligeramente la garganta: —¿Oh?
Cedro se rascó la cabeza, sintiéndola cada vez más familiar, pero por un momento, no pudo recordar, así que simplemente se sentó a un lado, diciendo: —Probablemente alguien más la haya usado antes.
Los hombros rígidos de Benedicto se desplomaron, y respondió despreocupadamente con un murmullo.
Cedro tomó otro sorbo de cerveza fría, y se calmó.
—Por cierto, tío, ¿vas a salir?
Benedicto miró a Fabiola en la pantalla y frunció el ceño: —No, prefiero qu