Claudia tembló por completo y buscó ayuda con la mirada hacia Cedro, pero se encontró con la mirada fría del abuelo.
Su corazón se enfrió.
—¿De verdad pensabas en tu cuñado? —preguntó el abuelo con el ceño fruncido, la sonrisa desapareciendo visiblemente de su rostro.
Claudia empezó a respirar con dificultad y se apresuró a explicarse: —No, abuelo, no lo hice...
—Si no lo hiciste, entonces no deberías tener miedo de jurar.
Claudia mordió su labio con fuerza y, bajo la mirada de todos, prometió s