Ignorando las miradas de todos, Fabiola miró a Haiman.
Anteriormente, Haiman se había estado moviendo, por lo que Fabiola no podía verla claramente.
Ahora, finalmente podía ver a Haiman con claridad.
Esa sensación familiar se hizo aún más fuerte.
Haiman también estaba mirando a Fabiola.
Los ojos y las cejas de la joven siempre le daban una sensación de gran familiaridad.
Sin darse cuenta, su voz se suavizó: —Jovencita, ¿cómo te llamas?
Fabiola volvió en sí: —Fabiola Salinas.
Por alguna razón, al