Pesé a mi insistencia, Leo me acompañó a mi departamento y se negó a marcharse hasta verme comer algo.
No sólo no quería que fuera conmigo porque era innecesario y me preocupaba que mis vecinos hicieran un escándalo al verme entrar con un hombre a mi departamento, si no porque al haberme enfocado en mi trabajo no estaba al día con mis labores domesticas, lo cuál es una forma elegante de decir que todas las habitaciones eran un desastre y no me moría de ganas de que lo viera.
En todo caso, cómo