Aunque racionalmente sabía que el suelo estaba fijo, el movimiento que percibía me estaba dando nauseas.
El corazón me latía tan aprisa que mis pulmones no podían suministrar suficiente aire para seguirle el paso.
Tenía que salir de ahí rápido o iba a terminar vomitando o peor aún desmayándome frente a ese montón de desconocidos.
Notas mal intencionadas y la subsecuente reacción del publico aparecieron en mi mente y sentí como si alma estuviera a punto de abandonar mi cuerpo, hasta que un braz