— ¿Vas a dormir abrazada a ese celular hoy o ni piensas dormir? — Malu apareció apoyada en el marco de la puerta, con un paquete de galletas en la mano y el cabello recogido en un moño chueco que denunciaba el fin de un día largo.
Francine estaba acostada, abrazada a la almohada, con la luz de la pantalla iluminándole el rostro.
No respondió enseguida; solo sonrió de lado mientras tecleaba otra respuesta rápida.
— Malu, por favor… anda a vivir tu vida.
— Lo intento, pero es difícil competir con