El ambiente en el área gourmet parecía ligero, con risas, copas, el aroma de la carne asándose, el sol brillando sobre la piscina, pero Cassio sabía que aquel almuerzo era una arena.
Y pronto sonó el gong.
Después de unos minutos de conversación superficial, Walter chasqueó los dedos, llamando a todos a la mesa ya dispuesta con vajilla clara y cubiertos alineados milimétricamente.
—¡Vamos a almorzar, gente! —anunció, inflado de entusiasmo—. Y de paso ponemos algunos asuntos al día.
Cassio se se