El postre llegó, pero nadie parecía realmente con ganas de comer.
Walter removía la cuchara en la crema de limón con una expresión distante, la mandíbula tensa por la decepción.
Cuando finalmente levantó la mirada hacia Cassio, no había rabia explícita… solo una decepción silenciosa, pesada.
—Cassio —empezó, en un tono pulido, casi demasiado diplomático—, respeto tu decisión. Pero… no voy a mentir. Estoy decepcionado.
Cassio mantuvo la postura, aunque sentía el peso caer sobre sus hombros.
—Sab