Denise levantó la mirada despacio, observándolo como quien espera otro tipo de orden.
—¿Puedo saber por qué? —preguntó con la voz baja, pero cargada de intención.
—Puedes cumplir lo que te pedí. —El tono de él era frío, controlado.
Denise cruzó los brazos, clavando los ojos en él.
—¿Vas a despedir a la chica?
Dorian suspiró, molesto con la suposición… o con el hecho de que ella probablemente tenía razón.
—Solo… mándala a mi despacho.
Denise dudó un segundo. Analizó su expresión como si intentar