El regreso a Brasil ocurrió en un abrir y cerrar de ojos.
El avión aterrizó al final de la tarde, y en cuanto se encendió la señal para usar los celulares, Francine ya estaba llamando.
—¿Amor? Ya llegamos.
La voz de Dorian llegó firme, pero aliviada:
—El chofer ya está ahí. Estoy saliendo de la oficina, nos vemos en casa.
—Está bien, pero voy a dejar a Malu en su casa primero, ¿sí? Voy a tardar un poquito más —dijo ella.
—Sin problema, el chofer las lleva a las dos.
—Perfecto.
Francine se giró