La noche ya estaba avanzada cuando Cassio, Maya y Bianca salieron del bar.
Maya caminaba tambaleándose, riendo alto; Cassio ya estaba al límite; Bianca mantenía la sonrisa controlada de quien tenía un plan.
—Yo voy a ser la conductora designada —decretó Bianca—. Alguien tiene que tener sentido común aquí.
—Al menos UNO de los tres idiotas —completó Maya, carcajeándose.
Cassio puso los ojos en blanco y pidió la cuenta.
Le dolía la cabeza no solo por el alcohol, sino por el peso de la conversació