En cuanto la puerta del apartamento de Malu se cerró detrás de él, Cassio soltó una palabrota en voz baja.
Volvió a tomar el celular, los dedos ágiles, nerviosos.
—Rogério, te necesito ahora. Es urgente. Encuéntrame en la portería en diez minutos.
La voz del chofer respondió de inmediato, como siempre.
—Sí, señor. Voy en camino.
Colgó la llamada y, aun lleno de adrenalina, subió a su propio apartamento.
Se cambió de ropa con la rapidez de quien ya estaba acostumbrado a resolver problemas ajenos