Francine golpeó la mesa con la mano sobre la baraja con dramatismo.
—¡GANÉ! ¡YO GANÉ! —celebró, levantando los brazos como si acabara de ganar un campeonato mundial.
Malu soltó una carcajada.
Cassio se dejó caer en el sofá, derrotado.
—Eso es injusto —se quejó, fingiendo dolor—. Yo habría elegido el nombre perfecto. Poético. Impactante.
—Cassinho no es nombre de bebé, Cassio —disparó Francine, riendo fuerte.
—Cassiana tampoco —añadió Dorian, seco, pero claramente aliviado de no haber tenido que