El silencio que vino después de la noticia parecía incluso suave.
Uno de esos silencios llenos, cargados de buena emoción.
Malu fue la primera en romperlo.
—Dios mío… ¡entonces era eso! —se llevó las manos al rostro, riendo y llorando al mismo tiempo—. ¡Por eso estabas rara estos días! Comiendo como una obrera, quedándote dormida, quejándote del olor de todo…
Francine rió, secándose una lágrima.
—Pues sí… yo también lo noté raro.
Cassio apoyó el brazo sobre el respaldo de la silla y sonrió con