Dos días después, Malu desembarcaba en Brasil con una certeza absoluta: necesitaba alquilar un apartamento.
No es que Dorian y Francine ya no la quisieran en la mansión.
Pero ella… simplemente sentía que ya no tenía sentido.
Tal vez era París. Tal vez el ascensor. Tal vez Cassio susurrando cosas peligrosamente memorables. Tal vez solo era madurez.
O tal vez una mezcla de todo eso.
Por primera vez en la vida, Malu sentía la necesidad de privacidad.
De tener su propia puerta. Su propio techo. Su