El pequeño muelle a orillas del río hervía de movimiento.
El sol de la mañana doraba las aguas del Sena, y el reflejo titilante parecía bailar junto con el bullicio del equipo que corría de un lado a otro, ajustando los últimos detalles.
Malu se detuvo a mitad del camino, boquiabierta, sujetando la mano de Francine para asegurarse de que no estaba imaginando todo aquello.
—Lo admito —dijo, acomodándose las gafas de sol mientras observaba el barco anclado—. Cuando dijiste “voy a casarme en un ba