Cuando Francine despertó al día siguiente, el sol ya se filtraba por las cortinas, pintando la habitación en tonos dorados.
Soltó un suspiro satisfecho y apoyó la cabeza sobre el pecho de Dorian, escuchando el ritmo tranquilo de su respiración.
—Dormimos todo el día, ¿verdad? —murmuró, todavía medio adormilada.
—Probablemente. —Dorian soltó una risa baja, con la voz ronca por el sueño.— Pero por primera vez en semanas dormimos bien. Sin helicóptero, sin secuestro, sin explosiones.
—Ni celular.