El silencio que siguió fue denso, pero Eleonor parecía no notarlo. Simplemente cruzó las piernas con elegancia y añadió:
—Debió de ser un desafío encantador para ti conquistar a alguien como mi hijo.
Francine respiró hondo, manteniendo el control.
—En realidad, no hubo conquista. Fue algo natural.
—Natural —repitió Eleonor, como si probara el sabor de la palabra—. Qué bonito. —Sus labios se curvaron en una sonrisa tan perfecta que rozaba lo artificial—. Dorian siempre tuvo un corazón sensible,