Francine se acomodó mejor en el sillón, como si buscara una posición cómoda para soltar todo lo que llevaba guardado en el pecho.
Del otro lado de la línea, Malu guardó silencio.
Ya sabía que cuando su amiga empezaba con ese tono bajo y reflexivo, venía un desahogo pesado.
—Malu… tú sabes que, al principio, Dorian fue solo una aventura, ¿verdad? —empezó Francine, con la voz un poco quebrada—. La verdad, ni siquiera tenía la intención de estar con él aquella noche del baile. Todo fue como… inesp