Malu casi dejó que el celular se le resbalara de las manos.
El corazón le latía con tanta fuerza que, por un instante, pensó en fingir un desmayo solo para no tener que explicar nada.
—¿Malu? —repitió Dorian, dando un paso al frente.
Su tono no era de impaciencia, sino de genuina curiosidad. Los ojos entrecerrados dejaban claro que quería entender qué estaba pasando.
Del otro lado de la línea, Francine se quedó paralizada.
El sonido de aquella voz grave, controlada, imposible de confundir, atra