El desfile no se detenía.
Apenas salían de la pasarela, las modelos eran arrastradas de nuevo al torbellino del backstage: cambios rápidos de vestuario, maquilladores retocando sombras y labiales en cuestión de segundos, costureras corriendo para ajustar un cierre que insistía en atascarse.
Francine, aún sin creer que estaba allí, fue guiada por Juliette hasta el siguiente perchero.
— Ahora te vas a poner este —dijo la estudiante con firmeza, sin dejar espacio para dudas.
En pocos minutos, Francine ya estaba lista para su segunda salida.
El nudo en el estómago seguía presente, pero el cuerpo parecía haber recuperado una memoria olvidada.
Con cada paso sobre la pasarela, su andar se volvía más natural, como si no hubiera pasado ni un solo día lejos de ese mundo.
La tercera salida trajo algo distinto: un vestido audaz, lleno de cortes asimétricos, que exigía no solo postura, sino presencia.
Al cruzar la pasarela, los reflectores resaltaban cada curva del tejido sobre su cuerpo y, una ve