Mundo ficciónIniciar sesiónAquella semana, Francine parecía haberse tragado un motor.
Si antes ya era ágil en el café, ahora estaba en otro nivel. Subía y bajaba por los pasillos con las bandejas, sonreía a cada cliente y casi no tenía tiempo para respirar.
Pero, en el fondo, adoraba esa sensación de estar siempre en movimiento.







