Mundo ficciónIniciar sesiónAquella semana, Francine parecía haberse tragado un motor.
Si antes ya era ágil en el café, ahora estaba en otro nivel. Subía y bajaba por los pasillos con las bandejas, sonreía a cada cliente y casi no tenía tiempo para respirar.
Pero, en el fondo, adoraba esa sensación de estar siempre en movimiento.
— Francine, baja un poco el ritmo, ¡así te vas a desmayar! — la regañó el jefe un día, al verla equilibrar tres platos en la bandeja.
Francine soltó una risita, sudada pero radiante.
— ¿Desmayarme? ¡Señor Pierre, yo estoy volando!
El jefe negó con la cabeza, divert







