Dorian arrojó la carta sobre el escritorio con fuerza, como si el papel le hubiera quemado la piel.
—Carajo, Francine… ¿de verdad tenía que ser tan drástica? —murmuró, con la mandíbula tensa.
Denise, que estaba cerca, levantó el rostro con una mezcla de cautela y curiosidad.
—Dorian, ¿qué fue exactamente lo que le hiciste a esa chica?
Él soltó una risa corta, amarga.
—Nada. Fui un imbécil, eso es todo.
Se pasó las manos por el cabello, intentando ordenar los pensamientos que se atropellaban en