Capítulo 97. Génesis de una venganza
El cristal del ático en Canary Wharf era lo único que separaba a Khostas Varkas del rugido gris de Londres. Observaba las gotas suicidarse contra el vidrio, deslizándose como las lágrimas que él nunca se permitió derramar.
Khostas no era un hombre que pasara desapercibido. De rasgos griegos afilados, piel de un tono oliva pálido por el encierro y una mirada que parecía calcular el valor de todo lo que tocaba, cargaba con un recordatorio físico de su fracaso: una cicatriz fina que nacía bajo su