Capítulo 112. El caballero de la armadura negra
La oscuridad en la mansión de Varkas no era accidental; era una elección. Khostas permanecía de pie frente al inmenso ventanal que dominaba la ciudad, con la silueta recortada contra las luces distantes. En su mano derecha, el vaso de cristal de roca tintineaba con el choque de un único cubo de hielo contra un whisky de malta que costaba una fortuna.
El teléfono sobre el escritorio de caoba vibró. Khostas lo llevó a su oído sin apartar la vista del horizonte.
—Dime —ordenó con una voz que era