Capítulo 96. El eco de una cuna vacía
La tensión en el baño alcanzó su punto de ruptura. Aslan, impulsado por esa mezcla de posesividad y deseo que Londres siempre despertaba en él, la giró con un movimiento firme y dominante.
Amara sintió el frío repentino del mármol negro contra su mejilla y sus palmas mientras él la obligaba a inclinarse. La superficie pulida estaba empañada y resbaladiza, obligándola a aferrarse con fuerza para no perder el equilibrio bajo el peso de la urgencia de Aslan. El contraste era violento y embriagador