Capítulo 86. El Santuario de Cristal
El rugido del motor del vehículo blindado ahogó los sonidos del hospital mientras se alejaban a toda velocidad. Amara estaba sentada en el suelo del transporte, con la espalda apoyada contra el asiento reforzado, sosteniendo la mano de Keziah a través de los guantes de plástico de la incubadora de viaje. El monitor de ritmo cardíaco de la bebé emitía un pitido rítmico, pero acelerado; la pequeña sentía el estrés del ambiente.
—Respira, pequeña, respira —sollozaba Amara, aunque ella misma apenas