Capítulo 80. Un rayo de luz en la niebla de Londres
Amara terminó de ajustarse la bufanda frente al espejo del recibidor. Su rostro se veía cansado, pero sus ojos brillaban con esa chispa que solo la maternidad le había dado. Tomó su bolso, repasó mentalmente que llevaba todo para su visita diaria a la clínica y suspiró profundamente.
—Ya voy, mi pequeña —susurró para sí misma—. Mamá ya va en camino.
Al abrir la puerta de su departamento, el aire frío del pasillo la recibió, pero no estaba vacío. Amara se detuvo en seco, el corazón dándole un vu